miércoles, 2 de marzo de 2011

Armando el caparazón










Por estos días sigo de tirón
en el envión de la cometa.
Y se pasaron casi tres meses
que duraron y valieron como nueve...
Estoy lista para soltar el hilo...
La clave está en no mirar ni atrás ni abajo.

Creo que entiendo lo del caparazón de las tortugas,
esos cuadrados cada vez más sólidos y erguidos.
Como las tortugas no saben de barriletes,
construyen sus delirios en su propia casa.

Y lleva tiempo juntar coraje.
¿qué pasará?
Esta materia que me compone,
que solidece y recuadrea,
¿me dejará flotar?

Me siento adulta y no vieja.
Y además (shhh!!!)
me gusta...

lunes, 13 de diciembre de 2010

Tomando envión

Cómprame calendarios, márcalos,
oblígame a comprometerme

para el año que viene.

Gioconda Belli








El verbo de los años es cumplir
y el mismo verbo obliga la retrospectiva.
Cúantos años cumplí?
cuántos sueños concreté el último año?

Si retrocedo al brindis íntimo y sincero
del fin de año pasado, con el mar en el balcón
y la fiesta porque sí,
hay un gran pendiente y mucho paso adelante.

Este no será un año que se celebre por terminar.
Su fuerza perdura y trae en la cola del barrilete
mucho sueño enlazado, nuevas búsquedas
y viejas ganas refrescadas.

Sólo falta ese empujoncito,
para saltar de calendario.

martes, 30 de noviembre de 2010

Un día feminista


Así anda La Plata... Violeta y verde.
Feminista y a favor de la legalización del
aborto, podría decirse.
Hoy se empieza a hablar, después de
mucho ruido silenciado.
Hoy quizá se abra un poco más la puerta
que busca encontrarnos libres con nuestros
cuerpos y con el mundo.

Para saber más del tema:

jueves, 25 de noviembre de 2010

Nuestros cuerpos




















Es una situación violenta por donde se la mire.
Salgo intacta, puede decirse, casi siempre.
Pero los sintomas abundan: palpitaciónes,
respiración contenida, pasos acelerados,
pensamientos de odio que se multiplican.
Que se sepa: no hay nada en un "piropo"
callejero, o bocinazo, o susurro o declaración
de "amor" al pasar, que me motive y dudo
ampliamente que cualquier mujer pueda sentirse
más halagada que asustada cuando su presencia
incita este tipo de reacciones.
Por el contrario, da miedo. Que esa licencia
verbal se extienda al cuerpo. Porque eso sí pareciera
ser natural, consumir cuerpos. Demostrar que se es
un ser sexualmente activo, que desea compulsivamente,
que no hay cuerpo del otro lado que aguante y por eso,
vale también la pena pagar para resultar satisfecho.
Mentira!
No es la satisfacción lo que pagan señores. Pagan por
sostener el velo de su masculinidad bien en alto. Para
que no caiga la ilusion del super-macho, con su miembro
siempre viril. Es la flaccidez real, la apatía, el rechazo lo
que se preocupan en ocultar, entonces intentan demostrar
a gritos que desean, que su instinto cavernario se despierta
ante cualquier falda y corren a los rubros 59 de los diarios
para evaluar, cual carne en la vidriera, el próximo cuerpo
que consumirán, si es digno de ustedes.
Pero cuidado, si todavía nuestros cuerpos algo valen, quizá
pronto no los encuentren más en un rubro y deban tomarse
el trabajo de conocernos como personas que pueden decidir
no acostarse con ustedes... ni por plata.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Mentirosa








Todo mentira
que si sos y si te hacés.

En lo que escribo nada se ha roto,
nada se ha inventado.

Tomemos un helado,
pasemos tiempo juntos,
na, mentira.

Se siente mejor cuando no se lo piensa
pavadas, blasfemias, injurias.
Si no duele no sirve, mentira.

No me importa que no me lean ni me publiquen.
No quiero ser pública.
¿mentira?

Escribo para todos,
mentira,
escribo para mi.

miércoles, 13 de octubre de 2010

meta morfo seo...












Pasa una mosca y me voy,
vuelvo.
Cambio,
todo el tiempo.

Me miro de lejos y me veo nublada
y plena.
Disfruto y padesco el mismo mal,
fantástico.

Escribo y las páginas
se brindan enteras.
no estoy nunca vacía,
ni siquiera estando llena.

Me encontré con mi voz
y no sonó mal.
Puedo dar
alegría, paz, curiosidad.
Y hay más...

domingo, 29 de agosto de 2010

Buenas amigas



Hoy necesito que Marosa me traiga hongos,
que recolecte los más rosados del jardín
de Clementina, su madre. Que los pruebe,
acaso un poco; que sienta el pecado flotando
en esa carne leve.


Hoy, si estuviera Silvina, le pediría que
me ajuste el vestido de
terciopelo hasta
que la respiración se vuelva algo impredecible.
Que las dos juntas empujen de la mesa, taza a taza, el juego de té de porcelana y que las astillas resuenen rotas en un eco terco y persistente.

Hubiera jugado a la casita con cualquiera de las
dos, si no fuera porque nunca me gustó
jugar a la casita...